Cuando tenía 15 años solo soñaba con el día en el cual fuera médico, caminé el sendero para lograrlo, no ha sido fácil, tampoco imposible, no sé si aún conservo las fuerzas que tenía para ir en bus en ese trayecto de 2,30 hrs hasta la facultad de medicina, y era tan feliz, aunque me durmiese infinidades de veces parada cogiendo una baranda, ahora que lo veo desde muy lejos y con nostalgia, puedo entender cual es la fuerza de un sueño, la perseverancia; entre altos y bajos terminé mi pregrado, "santo Dios", no era como me lo había imaginado desde los 15 años, los 7 años pasaron como si fueran 7 largos meses, entre llantos y muchas alegrías, por fin vino la alegría y miedo de sellar una primer receta, el famoso SERUMS, cuanto crece uno en aquel año.
 El tiempo corre, disfrutemos cada segundo, aunque parezca no merecer a pena reír. 
Recuerdo perfectamente el internado de medicina, el año en el cual eres todo menos médico, aunque hagas todo el trabajo, llegaba a llorar y a visitar a mi casa, mi madre preocupada preguntaba, ¿paso algo malo?, y llorando respondía, me siento afortunada, de haber encontrado mi lugar; por años la vida me había enseñado que no era fácil encajar, peor aún  si eres una persona obstinada a cumplir tus ideales, a seguir tus formas, y para mi seguir a las personas de mi generación no había sido fácil, sin embargo  siempre diré que valió cada segundo, valió la pena, valió cada lagrima, cada sacrificio, cada episodio de miedo, valió la pena ser valiente.
Encontré mi lugar, y gracias al esfuerzo de una familia, hoy puedo alegrarme (internamente) cada vez que un paciente me dice, gracias doctora, que Dios la bendiga, ellos salen de mi consultorio y yo sonrío aunque la mascarilla oculte mi alegría, aunque el peso de la cantidad de pacientes agobien mi necesidad de darles más tiempo, de darles mas de mi. Que gran camino elegí, es largo, tal vez un sin fin, pero que bonito camino. 

Cuando tenía 15 años, los Blogs estaban en su apogeo, y decidí escribir para desahogar el corazón, hoy en plena madrugada, en plena mudanza, decido escribir porque me recordé soñando lo que hoy vivo, y me siento realmente bendecida, a los quince años era más fácil escribir y trasnocharse. 

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