Cuando tenía 15 años solo soñaba con el día en el cual fuera médico, caminé el sendero para lograrlo, no ha sido fácil, tampoco imposible, no sé si aún conservo las fuerzas que tenía para ir en bus en ese trayecto de 2,30 hrs hasta la facultad de medicina, y era tan feliz, aunque me durmiese infinidades de veces parada cogiendo una baranda, ahora que lo veo desde muy lejos y con nostalgia, puedo entender cual es la fuerza de un sueño, la perseverancia; entre altos y bajos terminé mi pregrado, "santo Dios", no era como me lo había imaginado desde los 15 años, los 7 años pasaron como si fueran 7 largos meses, entre llantos y muchas alegrías, por fin vino la alegría y miedo de sellar una primer receta, el famoso SERUMS, cuanto crece uno en aquel año. El tiempo corre, disfrutemos cada segundo, aunque parezca no merecer a pena reír. Recuerdo perfectamente el internado de medicina, el año en el cual eres todo menos médico, aunque hagas todo el trabajo, llegaba a llorar y a visita...